jueves, 11 de octubre de 2018

LA ESTRATEGIA ANDINA DE DESARROLLO 1972





"Seguramente la unión es lo que nos falta, para completar la obra de nuestra regeneración"
Simón Bolívar, 6/IX/1815

EN MEMORIA DE JOSÈ PALOMINO, JEFE Y AMIGO QUE SOÑÓ CON LA INTEGRACIÓN ANDINA [1]_/

El 26 de mayo de 1969, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú, firmaron el Acuerdo de Cartagena, con el cual se puso en marcha la integración andina. Estos cinco países, de la vertiente sudamericana del Océano Pacífico, consideraron que la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC) no satisfacía sus aspiraciones de incrementar las exportaciones y acelerar su desarrollo y decidieron ejecutar su programa ambicioso de integración económica.

Dice el artículo primero del Tratado: “El presente Acuerdo tiene por objetivos promover el desarrollo equilibrado y armónico de los Países Miembros en condiciones de equidad, mediante la integración y la cooperación económica y social; acelerar su crecimiento y la generación de ocupación; facilitar su participación en el proceso de integración regional, con miras a la formación gradual de un mercado común latinoamericano. Asimismo, son objetivos de este Acuerdo propender a disminuir la vulnerabilidad externa y mejorar la posición de los Países Miembros en el contexto económico internacional; fortalecer la solidaridad subregional y reducir las diferencias de desarrollo existentes entre los Países Miembros. Estos objetivos tienen la finalidad de procurar un mejoramiento persistente en el nivel de vida de los habitantes de la Subregión.”

Para cumplir con esos objetivos, uno de los documentos más importantes de la primera etapa del proceso, publicado en marzo de 1972 por la Junta del Acuerdo de Cartagena (JUNAC), la entidad encargada de pensar en la integración como un objetivo común de los países, fue el titulado: “Bases Generales para una Estrategia Subregional de Desarrollo”. Su primer capítulo trataba sobre la orientación general del desarrollo, el segundo se refería al sector agropecuario y la integración física en el desarrollo subregional y el tercero consideraba el sector industrial en una política de desarrollo con integración.

Para la fecha de publicación de las “Bases”, la integración andina tenía tres años, todo marchaba viento en popa, los países y la JUNAC decidían avanzar en los programas y los proyectos y éstos se ejecutaban con prontitud y eficiencia, de manera que el Grupo Andino, como se lo conocía al proceso en el mundo, era la admiración de propios y extraños.

En la elaboración del documento había tenido gran participación la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), por lo que sus expertos y los de la JUNAC recorrían los países para analizar, conjuntamente con los funcionarios de los gobiernos de las distintas áreas, el texto de cada capítulo, para consensuar la estrategia que, en ese momento, se consideraba factible de aplicar, por las condiciones favorables vigentes dentro y fuera de la subregión andina.

A principios de 1973, posiblemente en febrero, una misión de expertos de la JUNAC y la CEPAL llegó al Ecuador. Formaba parte de esa Misión José Palomino, quien entonces ejercía la función de jefe del Departamento de Programación de la JUNAC y había coordinado la elaboración de las “Bases”, siendo por lo tanto el responsable de su contenido. Lo conocí en esa visita.

El trabajo de José Palomino fue muy importante para la integración andina hasta 1980. Su trabajo final fue coordinar la evaluación del proceso de integración andina en la década 1969 – 1979, que la JUNAC publicó en 10 tomos; y, elaborar, junto con el personal de su Departamento, el tomo de resumen, que tendría la firma de los tres miembros de la Junta.

¿Cuáles eran los sueños integracionistas de Palomino? Los mismos de otros ilustres personajes que impulsaron inicialmente el proyecto integrador con todas sus fuerzas y consiguieron éxitos hasta 1976: Germánico Salgado, Felipe Salazar, Salvado Lluch, Cristóbal Lara, Oswaldo Dávila, Galo Montaño, Marcelo Ávila, Manuel Orellana, Javier Silva.

La Junta dice, en la Introducción de las “Bases”: “La preparación de los elementos necesarios para formular una estrategia de desarrollo conjunto es una experiencia nueva, máxime si se considera que los países del Grupo Andino, si bien están unidos por lazos de cultura y origen comunes, no han tenido en el pasado inmediato vinculaciones económicas importantes y están muy lejos, sobra decirlo, de cualquier forma de unidad política. La integración puede contribuir, por la solidaridad que necesariamente habrá de fluir de las decisiones comunitarias y por la creación y consolidación de profundas relaciones económicas, a afianzar la soberanía de cada uno de los países y de la Subregión en su conjunto…”

También expresaba la JUNAC: “… La integración hará posible emprender acciones que sin ella no serían factibles al nivel nacional por las limitaciones derivadas de la estrechez de los mercados internos. Dichas acciones son indispensables para dar un nuevo impulso a las economías, para permitir su modernización y fortalecimiento del patrón de desarrollo industrial y para abrir nuevas perspectivas en áreas muy diversas. Pero lo anterior no significa que la integración, aun llevada a cabo con la profundidad y amplitud previstas en el Acuerdo de Cartagena, sea suficiente por sí sola para generar los cambios indispensables para que los países puedan alcanzar los objetivos que están explícitos en sus respectivas políticas nacionales de desarrollo…”

¿Cuáles eran las propuestas para la ejecución de la estrategia subregional de desarrollo?

La primera, la aplicación de políticas de desarrollo con integración por parte de los países. El argumento central era que ninguno de los países, con base en su mercado interno, podría lograr su desarrollo en la forma necesaria para mejorar sustancialmente las condiciones de vida de la población y que, la unión de los cinco países, generaría las sinergias necesarias para acelerar el crecimiento económico de cada uno y dar bienestar a todos los habitantes andinos.

La segunda, la formación de un frente común ante terceros países y empresas. Con respecto a los países, evidentemente, pasar de una esperada zona de libre comercio a una unión aduanera y luego a un mercado común, como se aspiraba, un poco en la línea de lo que entonces sucedía con la Comunidad Económica Europea (CEE), crearía una imagen mucho mejor en el panorama internacional y aumentaría el poder de negociación de cada país. En cuanto a las empresas, ofrecerles el mercado de cinco países y no de uno, permitía soñar con un sistema de exigencias y facilidades que daría lugar al nacimiento de empresas subregionales con capacidad de exportación, ya no de uno de los Miembros a otro, sino del conjunto hacia otros países.

La tercera propuesta era construir una infraestructura subregional indispensable para que los países respondieran a los retos del incremento del comercio intra - subregional y sudamericano. Lo esencial era culminar la construcción de la carretera Panamericana, para agilitar el transporte terrestre; además, mejorar la situación portuaria y aeroportuaria.

Junto con la infraestructura tenía que diseñarse servicios ágiles y baratos para el comercio, lo que suponía agilitar las conexiones bancarias, mejorar los sistemas de telecomunicaciones, crear el sistema de transporte internacional por carretera.

Las “Bases” proponían una imagen del Grupo Andino para 1985, en la que hubiera una gran ampliación del mercado interno, cambios sustanciales en la estructura productiva, un desarrollo industrial integrado, una nueva estructura del espacio económico y la exportación de manufacturas andinas hacia afuera de la subregión. Naturalmente, ello requería la incorporación de tecnología en todos los sectores de la actividad productiva y nuevas relaciones comerciales con terceros países y las empresas transnacionales.

La imagen andina también consideraba que serían muy importantes los requerimientos globales de inversión y las necesidades de financiamiento y que habría una gran incorporación al mercado interno de trabajo y consumo de los sectores tradicionalmente marginados.

En el capítulo segundo de las “Bases” se trataba sobre las características principales del desarrollo del sector agropecuario de la subregión, los lineamientos básicos para la integración agropecuaria andina, la integración física.

La mirada al sector agropecuario consideraba el modelo de desarrollo de la Subregión y sus perspectivas; la estructura agraria y el nivel de ingresos; la población y el empleo agropecuarios, la situación alimentaria, la evolución de la estructura de la producción y del consumo aparente agropecuarios, la dotación de recursos naturales y el grado de aprovechamiento, los insumos y bienes de capital para atender al sector, la tenencia de la tierra, la investigación científica y la comercialización, los precios y el crédito agrícola, las orientaciones básicas para el desarrollo agropecuario subregional, las etapas 1972 – 1975 y 1976 – 1980 de las acciones para la integración agropecuaria subregional.

Con respecto a la Integración física andina, se consideraban las funciones de la circulación en el espacio ampliado, los sistemas de transporte aéreo, marítimo y terrestre de carga requeridos por las distintas necesidades de comercio del área en lo interno y en lo internacional.

El tercer capítulo estaba orientado a analizar las características del proceso de industrialización en los países del Grupo Andino, el papel de la industria en el desarrollo con integración y la imagen objetivo de la industria subregional en 1985. Por su importancia, se analizaba los instrumentos del Acuerdo de Cartagena y la estrategia industrial. Luego, se estudiaba los sectores estratégicos industriales: siderúrgico, automotriz, metalmecánico, químico, del papel y las pastas de papel, y otras ramas.

El análisis de los sectores indicados tenía como efecto la elaboración de decisiones de la Comisión que hicieran posibles programas sectoriales de desarrollo con integración.
En efecto, con la Decisión 57 de la Comisión se aprobó el Programa Metalmecánico, con la Decisión 91 se aprobó el Programa Petroquímico y con la Decisión 120 el Programa Automotriz; pero, allí se constató que integrar industrias que significan enormes inversiones y mercados asegurados de exportación no es fácil. Primaron los intereses de los países antes que los objetivos de la integración y se fracasó en los intentos.

Recuerdo que, cuando se negociaba el programa automotriz, que supuestamente debía asignar al Ecuador el ensamble, que no la producción, de determinados vehículos, cada país luchaba a brazo partido por defender sus intereses nacionales a ultranza, tanto que alguien comentó, un poco exagerando: “es tan difícil este proceso, que ya mismo se ponen a negociar las marchas de los vehículos y claro, nadie va a querer el retro”.

Han transcurrido casi 50 años del proceso y la verdad es que solo unos cuantos profesionales soñadores, confiando en la visión de los políticos, pensamos que en 12 años, a partir de 1969, tendríamos funcionando la Zona Andina de Libre Comercio, la que recién estuvo operando en 1992; que no sería complejo pasar de allí a la unión aduanera, para lo que se aprobó el arancel externo común, que solo el Ecuador respetó por muchos años; y, que, la unión económica nos daría un mercado interno subregional capaz de garantizar una exitosa participación en el mercado mundial, con producciones industriales de alta calidad y precios competitivos.

Varios de los países, comenzando por Venezuela (que ingresó al Grupo Andino en 1973 y permaneció hasta 2006) y por Ecuador, tuvieron la oportunidad de fortalecer sus mercados internos, participar con éxito en la integración andina y diversificar los mercados y los productos de exportación; pero, los gobiernos (los desgobiernos) de casi todos los periodos, desperdiciaron las oportunidades, sobre todo en los años 70 del siglo anterior y malgastaron buena parte de los recursos petroleros, como se ha hecho otra vez en la década anterior.

En 1980, José Palomino, Augusto Llosa y el autor de este boletín, luego de participar como el grupo central de la elaboración del tomo principal de la Evaluación del Proceso de Integración Andina 1969 – 1979, decidimos dejar de ser funcionarios internacionales de la Junta del Acuerdo de Cartagena, porque entonces ya veíamos que no había mucho futuro para el proceso.

El tiempo, lamentablemente, nos dio la razón. Los años 80 fueron de tremendos problemas internacionales y los países andinos dejaron de pensar en la integración, para preocuparse de solucionar sus problemas de deuda externa; los años 90 se quiso reflotar el proceso, pasando del Grupo Andino a la Comunidad Andina, pero el remedio fue peor que la enfermedad, porque se eliminó la Junta del Acuerdo de Cartagena, que era el ente pensador y promotor de la integración subregional y se pusieron a funcionar las reuniones de presidentes y de cancilleres, donde cada país busca la mejor tajada del pastel.

La década 2007 – 2017 fue de agotamiento del proceso, que está en coma real, porque Colombia y Perú decidieron abrirse a la competencia mundial, en tanto que Bolivia y Ecuador se juntaron con Venezuela en la locura del socialismo del siglo XXI, que tendrá a Venezuela en la lona por décadas y a Ecuador agarrándose de la última rama en el despeñadero.

La integración andina seguirá siendo un sueño. Varios de los que la quisieron hacer realidad, con capacidad y tesón, ya partieron. Entre ellos, José Palomino Roedel. Los que aprendimos de su visión, sus conocimientos y experiencia, seguiremos tratando de que se unan los pueblos andinos, porque les conviene cada vez más, en un mundo de grandes potencias.


[1] _/ José Palomino Roedel fue un destacado ingeniero peruano, que se desempeñó como Asesor de la Presidencia y Ministro de Pesca de su país, años después de ser Jefe de Programación de la Junta del Acuerdo de Cartagena.

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