domingo, 15 de abril de 2018

Boletín 166: LA UNIVERSIDAD ALFREDO PÉREZ GUERRERO


NOTA IMPORTANTE. – Es motivo de satisfacción personal comunicarles que este blog cumple siete años de vida. En este periodo han circulado 166 boletines quincenales, casi sin interrupción, para conocimiento directo y gratuito de más de dos mil receptores por número y su difusión indirecta a muchos más en diversas partes del mundo. También están en circulación dos libros que reúnen los primeros 140 artículos. Creemos que los receptores totales suman cerca de un millón y medio. Ojalá podamos llegar al número 200 y a los 2 millones de lectores. 

Los temas han sido diversos, pero los más abordados han sido aquellos relacionados con la década “ganada” según el expresidente Correa, perdida según muchos analistas, “robada” según miles de personas, de enriquecimiento lícito e ilícito de muchos socios de AP listos a beneficiarse desde las más altas funciones de gobierno y de algunos empresarios que aprovecharon la mejor época financiera del país, para lograr grandes utilidades en negocios legales, aparentemente legales o abiertamente turbios, de los que fueron parte.

LA UNIVERSIDAD ALFREDO PÉREZ GUERRERO (UNAP). – Apenas iniciado el gobierno de Correa, una de sus decisiones más publicitadas fue la de reorganizar el sistema de educación superior. Según su pensamiento, la mayoría de las universidades no era estatal y lo que quería era que cambie la situación reduciendo al mínimo las universidades privadas, porque aspiraba a que todos los niveles educativos, desde el primario al superior, siembren las semillas del Socialismo del Siglo XXI, que debía durar 300 años…

Uno de los argumentos que recibió el aplauso general fue el de que muchas universidades eran “de garaje” y que no cumplían con normas básicas en cuanto a disposición de infraestructura, laboratorios, equipos, muebles y sobre todo, de docentes calificados para dar educación de calidad a sus estudiantes, que por esos vacíos se convertirían después en profesionales sin las bases suficientes para desempeñarse a la altura de las necesidades del desarrollo nacional.

El Mandato 14 de la Asamblea Constituyente, expedido en julio de 2008, obligó al Consejo Nacional de Educación Superior, a evaluar a todas las universidades del país y a pronunciarse sobre su situación académica y jurídica, con el propósito de satisfacer el deseo presidencial. Esa Asamblea no tenía fundamento para ordenar la evaluación de las universidades y politécnicas. Como decía el Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica de Guayaquil: “La Asamblea Constituyente viene haciendo en algunos casos un uso equivocado de los “mandatos constituyentes” al utilizarlos para reformar leyes, pues tal propósito no corresponde al objetivo de los mandatos que, según su propio Reglamento, es el de facilitar el ejercicio de sus plenos poderes.” [1]_/

En el fondo, lo que se buscaba era, como en otros muchos sectores, que el Estado cope las universidades y que el presidente de la República oriente ideológicamente la educación superior, sin considerar que las universidades se llaman así en todo el mundo, porque deben acoger el pensamiento universal, provenga de cualquier ideología política, teoría económica o visión social, justamente para en el crisol del debate abierto y democrático, encontrar las mejores soluciones a los problemas vigentes, no solo en el país sino en la Tierra.

La evaluación solicitada produjo lo que se esperaba. Muchas universidades fueron cerradas porque la evaluación les fue negativa. Obviamente, la mayoría era de universidades privadas y algunas eran estatales. La evaluación y las decisiones posteriores del Ejecutivo justificaban en algunos casos el cierre de ciertos establecimientos, pero en otros casos no lo hacían, porque las bases de evaluación no eran las más apropiadas. Algunos de los afectados incluso dijeron, en su momento, que, si hubieran hecho aportes económicos al partido de gobierno o a los bolsillos de algunas autoridades, no les hubieran cerrado sus universidades.

La Universidad Alfredo Pérez Guerrero (UNAP) fue cerrada injustamente. Con ella colaboré algún tiempo como docente invitado, no de planta, y constaté que era bien llevada, cumplía sus funciones atendiendo las exigencias para cada carrera profesional y progresaba cada año, en número de alumnos y prestigio, porque no solo formaba a sus estudiantes, sino que investigaba y participaba en actividades sociales. Sus autoridades estaban diariamente atentas para mejorar su funcionamiento y cumplir con su visión, misión y objetivos de la mejor manera.

En el transcurso de este mes, quien fuera Rector del indicado centro de educación superior, doctor Jorge Enríquez Páez, pondrá en circulación un libro titulado “LA VERDAD”. Lo recibí hace pocos días y basado en él quiero documentar mi apreciación positiva anterior.

El libro del doctor Páez contiene una síntesis histórica de lo que fue e hizo la UNAP, un comentario sobre la evaluación e intervención oficiales, una detallada mención a los atropellos, violaciones jurídicas y alteraciones de datos en las evaluaciones efectuadas por el CEACES, anteriormente CONEA, más algunos anexos que destacan ciertas actividades de la UNAP, como la suscripción de convenios con otros centros de estudio para desarrollar sinergias o su incorporación a organizaciones internacionales de universidades para desarrollar tecnologías.

Para los efectos de este boletín, conviene destacar algunas afirmaciones constantes en el libro:

La UNAP tuvo sus raíces en el Instituto Tecnológico Americano, creado en 1990. El Congreso Nacional expidió su Ley Constitutiva el 12 de diciembre de 2000, que fue promulgada en el Registro Oficial 244 del 15 de enero de 2001. Era una entidad privada y en la ley se decía expresamente que “… no recibirá asignación alguna proveniente del Estado”.

Las carreras profesionales que tenía eran: Gerencia de empresas, con mención en Marketing, Finanzas y Negocios internacionales; Sistemas informáticos y Networking; Administración de empresas turísticas, Derecho, Diseño digital y Multimedia, Educación Parvularia, Comunicación social. Contaba con una extensión en Gualaceo.

El equipamiento de la UNAP para los fines que perseguía era suficiente. Un campus bien ubicado, con edificios, laboratorios, aulas, equipos y muebles modernos; pero, pensando en el futuro, estaba en proceso un proyecto de campus en otro lugar de Quito, para albergar nuevas carreras, más alumnos y más compromiso con la sociedad.  No era universidad “de garaje”.  

Durante los 10 años de su existencia, los cientos de estudiantes que matriculó tuvieron la posibilidad de evaluar periódicamente a los docentes. El 90% del alumnado lo hizo y las calificaciones para los profesores estuvieron por sobre 88/100.  

La UNAP publicó muchos libros de autores nacionales, en algunos casos para recuperar textos olvidados pero valiosos y, en otros casos, para colaborar con autores de temas de indudable trascendencia nacional. Mi libro: ECUADOR: Proyección 2020, de 800 páginas, en el que ya anunciaba que el país iría al descalabro actual, lo auspició la UNAP en el año 2010. En ese libro se mencionan varios de los necesarios cambios en la Constitución del 2008, que sugiero para evitar que el país aplique el Socialismo del Siglo XXI y fracase en la búsqueda del “buen vivir”.

De otro lado, efectuó una investigación que le significó reconocimiento internacional, en relación con las orquídeas, que dio importante resultado relativo a la orquídea “Drácula”.
Por supuesto, efectuó muchos actos y labores reconocidos por la sociedad, al punto que, en el quinto aniversario de la entidad, el Congreso Nacional le hizo un reconocimiento público. Además, como se observa en el libro, muchas personalidades de diferentes corrientes ideológicas e intelectuales de gran prestancia apoyaron las tareas de la UNAP o las reconocieron en diversos medios de comunicación radiales y periodísticos.
Nada de eso se tomó en cuenta y el 12 de abril de 2012 “asaltaron la Universidad resguardados por las sombras de la noche y la Policía Nacional, la cerraron y confiscaron sus bienes”. [2]_/

El artículo 323 de la Constitución prohíbe toda forma de confiscación y eso es lo que se dispuso, cuando a los promotores de las universidades se les quitó su patrimonio para distribuirlo a entidades públicas, basándose en el artículo 41 de la LOES, cuya constitucionalidad fue demandada ante la Corte Constitucional.

¿Qué ha pasado desde entonces y que las autoridades respectivas deberían averiguar?
Se produjeron graves errores: violaciones jurídicas, adulteraciones de datos, faltas de comunicación, daños a los estudiantes y profesionales, además de perjuicios a la sociedad.
Las violaciones jurídicas, según lo que consta en el libro La Verdad, comprende actos de inconstitucionalidad, como el de reformar la Ley de Educación Superior con un reglamento, lo cual no puede suceder porque la Constitución señala el orden jerárquico de las normas nacionales y la Ley prevalece sobre los reglamentos; no comunicar oportunamente sobre el proceso de evaluación a los rectores de las universidades que iban a ser evaluadas, sobre el inicio del proceso respectivo, afectando a sus derechos de defensa; determinar que matricular alumnos en primer semestre era iniciar programas nuevos, cuando lo que se hacía era continuar con los programas pre-existentes y legalmente autorizados; la emisión de las resoluciones de suspensión de las universidades cerradas sin que el reglamento respectivo esté aprobado por el órgano estatal correspondiente; el cambio de los parámetros de evaluación a medio camino de esa actividad, afectando el principio de la seguridad jurídica sobre los resultados; la ignorancia de la solicitud de apelación a las conclusiones de la evaluación; etc.

La UNAP, es posible que también todas las otras universidades, nunca supo cómo se procesó la información que se entregó a los comisionados para recibirla, tampoco supo qué datos ingresaron al modelo configurado por el CEAACES para la evaluación, sus directivos nunca recibieron comunicación alguna sobre el informe final, “para tener derecho a asumir conocimiento, analizarlo, y acogerlo al derecho de ampliación, apelación, revisión, consagrados en la Constitución de la República del Ecuador, a su debido y oportuno tiempo.” [3]_/

La UNAP, luego de conocer a destiempo el documento “… y después de analizarlo detenidamente, llegó a la conclusión técnica y demostrable de: ADULTERACIÓN DE LA INFORMACIÓN QUE INGRESÓ AL MODELO, y generó obviamente los resultados falsos que desdicen de la realidad del IES.” [4]_/

Cerrada la UNAP, se nombró un interventor, para que se haga cargo de solucionar los problemas que quedaban pendientes y el Estado tomó a su cargo los activos, pasivos y patrimonio institucional. El interventor del primer momento ha sido reemplazado varias veces por otras personas; pero, lo realmente preocupante y que debería llamar la atención de las autoridades de la educación superior, de la Contraloría y de la Fiscalía, es que hasta la fecha no se sabe el destino que han tenido muchos de los bienes y la administración en general ha sido deficiente, pues al parecer muchos bienes se entregaron a otras entidades, otros están destruidos y algunos desaparecieron, sin que nadie dé cuenta de los mismos.

Lo que ha pasado con la UNAP ha sucedido por igual con otras universidades y escuelas politécnicas cuyos edificios sirven ahora a las universidades estatales o a otros organismos públicos, cuyos laboratorios y equipos también fueron entregados a diversos establecimientos; pero que, en ciertos casos, como pianos, automóviles, cuadros famosos, libros valiosos, no aparecen o, dicen sus antiguos dueños, saben donde están, pero no son entes del Estado.

La publicidad gubernamental fue masiva y hasta convincente en el sentido de que se había hecho un bien al país y que el sistema de educación superior se había desecho del lastre y que saldría adelante con el impulso que le iban a dar cuatro importantes nuevas universidades estatales y las que quedaban en las mejores categorías luego de la evaluación.

Pero, la realidad es que Yachay, la estrella universitaria imaginada e impulsada por Correa con millones de dólares, no da los resultados esperados y ha sido sujeto de numerosas irregularidades en su construcción y desarrollo académico; se agotaron los recursos financieros para atender debidamente a las universidades públicas. En 2013 y los años siguientes, miles de


estudiantes universitarios quedaron fuera de la posibilidad de estudiar, no en las universidades “de garaje”, sino en aquellas que fueron injustamente cerradas, seguramente por razones ideológicas y políticas o por enemistades (se comentaba que una de las más importantes del país estuvo a punto de ser cerrada por ese motivo, obviamente presentando otros justificativos) y el balance general de la famosa evaluación y de las acciones posteriores de las autoridades ha sido negativo, como lo expresan varios expertos en educación superior y como lo reconoce el gobierno actual, cuando se ha apresurado a corregir problemas como el de la falta de cupos en las universidades del Estado, para atender la enorme demanda insatisfecha de los jóvenes bachilleres que quieren tener una formación profesional.

POR FAVOR, LEA DOS LIBROS ACTUALES: ECONOMÍA INTERNACIONAL Y DE AMÉRICA LATINA, de Luis Luna Osorio y Claudia Marcela Bastidas. Edición 2017. Precio: USD 25 cada ejemplar de 608 páginas y un CD; y, ECUADOR: VISIÓN DE LAS CRISIS 2014 – 2017.


[1] _/ http://www.eluniverso.com/2008/04/28/0001/21/0BDCEC9982294AA3962CDE2192FB10C8.html. Además, en el orden jurídico nacional no existe como norma legal el “Mandato” en la Constitución anterior y no lo hay en la actual.
[2] :/ ENRÍQUEZ PÁEZ JORGE: La Verdad. 2018. Quito, Ecuador.
[3] _/ Ibid. Página 149.
[4] _/ Ibid, Página 149. IES = Institución de Educación Superior

martes, 3 de abril de 2018

Boletín 165: LA INNOVACIÓN EN LAS EMPRESAS


Hace exactamente un mes, la Revista LÍDERES del diario EL COMERCIO de Quito, publicó un artículo titulado: La innovación gana espacio en el organigrama de las empresas. Ese artículo motiva este, que utiliza datos importantes y eventualmente conceptos incorporados en la revista citada, pero que, obviamente, tiene el enfoque del autor de este blog.

El mundo está globalizado. Es un lugar común decir que lo que pasa en un sitio de la Tierra afecta de algún modo a lo que pasa en todo el planeta, que cada vez es más pequeño para el hombre, porque la tecnología ha logrado ese resultado, en los últimos 100 años y hasta menos. En efecto, gran parte de los equipos que hoy utilizamos en la vida diaria no existían a mediados del siglo XX, eran todavía elementales o estaban en los inventarios secretos de las potencias.

Hay dos razones fundamentales para que eso haya sucedido: una es la capacidad de inventar que se ha multiplicado en el mundo, especialmente en los países desarrollados, por aquello de la bola de nieve que significa la acumulación y multiplicación de los conocimientos; otra es la capacidad de innovar, es decir de mejorar lo que ya existe, que, así mismo, ha crecido de manera exponencial, para transformar positivamente diversos productos en beneficio de la humanidad: el telégrafo en el teléfono fijo, éste en el celular, el celular en el equipo multipropósito que ahora tenemos; la fotografía en blanco y negro en la fotografía a colores; la fotografía en blanco y negro en la película en blanco y negro sin sonido; el cine mudo en el cine hablado, el cine en blanco y negro en las películas a colores, las películas a colores en los DVD y luego en los CD; el fax en el Internet y así, millones de ejemplos que sorprenden todos los días.

La innovación consiste en mejorar algo existente y puede producirse en cualquier ámbito de las actividades humanas. En el pasado fue lenta y por siglos tuvo pocos resultados interesantes. Pero desde la primera revolución industrial ha ido ganando dinamismo, hasta el punto de que los productos que duraban décadas ahora se desechan en uno o dos años, por obsoletos. [1]_/
La primera revolución industrial (Inglaterra 1786), llevó cambios radicales a los medios de producción, al incorporar instrumentos mecánicos de tracción -hidráulicos y a vapor- el telar mecánico y la locomotora. [2]_/
Entre 1870 y la Primera Guerra Mundial ocurrió la segunda revolución en Inglaterra, Europa Occidental, EEUU y Japón, siendo desarrollados la electricidad, el bombillo eléctrico, el radio trasmisor, el automóvil de combustión interna e iniciadas muchas industrias.
La tercera, la revolución de los elementos inteligentes, surgió en los últimos 50 años del siglo XX e impulsó la aviación, la era espacial, la energía atómica, la cibernética, los ordenadores personales y la tecnología de la información para automatizar la producción, el Internet.

La cuarta revolución es descrita como la aplicación del Internet a la industria en el manejo de los productos, usándose la digitalización, la Tecnología de la Información (TI), y dispositivos inteligentes, conectando redes, comunicando máquinas, adaptando servicios a los clientes en cualquier parte del mundo. Naciones Unidas informó que existen 3.200 millones de usuarios Internet. Es la era de la innovación, utilizando tecnología de última generación, que está transformando la forma de producir, distribuir y consumir bienes/servicios. Y la logística y suministro de productos basada en: impresión en 3D, robotización en producción y almacenamiento y distribución con drones.

Las revoluciones industriales han incluido progresos significativos en la ciencia, agricultura, ganadería, industria, finanzas, mega proyectos, y han generado eventos que han cambiado el estilo de vida y forma de trabajo de las comunidades. En el campo fueron destruidas reservas ecológicas, y miles de personas acabaron despojadas de sus tierras y forzadas a vivir en ciudades con industrias desconocidas.

Como resultado, en los próximos 5 años se perderán 7.1 millones de puestos de trabajo en las 15 economías más grandes del planeta, y surgirán 2 millones de plazas especializadas, que requerirán habilidades diferentes. En distintos sectores se acentuará el desplazamiento de trabajadores por dispositivos inteligentes, en particular en salud, energía y finanzas.
Desde luego, cunde la preocupación por la falta de empleos de baja calidad que habrá cuando los robots hagan muchas cosas que ahora hacen los trabajadores con poca o mediana calificación. Por lo previsto, ya no habrá taxistas, recepcionistas de hoteles, docentes de determinadas materias, telefonistas, secretarias, fotógrafos, cajeros de supermercados, oficiales de migración, policías en el número que ahora existe, etc. Como señala Roberto Savio, de IPS: “En Estados Unidos, según el Instituto de Investigación ABI, la cantidad de robots industriales aumentará en el 300% en menos de una década”.  [3]_/
Las primeras revoluciones industriales se produjeron como efecto del trabajo generalmente individual, a veces solitario y hasta combatido, de inventores que produjeron el barco de vapor, el ferrocarril, el automóvil, el telar, la máquina de coser, la máquina fotográfica en blanco y negro y a colores, el telégrafo, los rayos X, la aspirina y decenas de otros bienes.
Las otras dos revoluciones han sido el resultado del trabajo de equipos interdisciplinarios que han contado cada vez con maquinarias más sofisticadas para su trabajo investigativo. De sus labores han surgido: barcos portacontenedores, grandes aviones para vuelos intercontinentales, trenes super rápidos, autos eléctricos, la tarjeta de crédito, la fotocopiadora, la videocasetera, la bomba de hidrógeno, el cinemascopio, la primera central nuclear para producir electricidad, la fertilización in vitro, las naves espaciales, los anticonceptivos orales, muchos productos derivados de la actividad espacial. También la televisión, la fibra óptica, los satélites, el teléfono celular, la tecnología digital, el código de barras, la tomografía axial computarizada y otras.

En el siglo actual se espera que continúe la revolución industrial, que nos acercará a inventos tales como: robots inteligentes capaces de actuar autónomamente, autos sin chofer, autos voladores, transportador aéreo unipersonal, computadoras veloces muy superiores a las disponibles, cientos de productos químicos nuevos, naves espaciales turísticas, aparatos médicos en miniatura capaces de curar células enfermas, armas capaces de evadir todo control por radar, sistemas de comunicación visual ultra veloces y de altísima definición, aviones de gran capacidad de carga y autonomía de vuelo; además, teléfonos con gran capacidad de comunicación, almacenamiento de datos y variedad de servicios; repuestos orgánicos para partes del cuerpo humano, sistemas de traducción inmediata a cualquier idioma, tejidos textiles blindados, plásticos y concretos inteligentes para graduar temperaturas y dar luminosidad.

Para esto y mucho más, todos los días el mundo despierta con afán de innovación, que ya no es un patrimonio exclusivo de los países desarrollados, sino que también puede ser ejercitado en los demás países, aun cuando con serias limitaciones de acción, las principales de las cuales son la falta de capitales, los insuficientes recursos humanos capaces de innovar, el desinterés del Estado por apoyar la innovación;  y, la actitud negativa de los accionistas, de los directores y a veces hasta de los gerentes de las empresas, con respecto a modificar los métodos tradicionales de acción, sobre todo en las empresas familiares, que son la gran mayoría.  

La poca capacidad de innovación de los países subdesarrollados se refleja en las cifras de inventos para los cuales se solicita registro de propiedad intelectual en el mundo. La Oficina Estatal de Propiedad Intelectual (SIPO) de China recibió en 2016 el número total mundial más alto de solicitudes de patente: la cifra récord de 1,3 millones. Le siguieron: la Oficina de Patentes y Marcas de los EE.UU. (USPTO) (605.571), la Oficina Japonesa de Patentes (JPO) (318.381), la Oficina Surcoreana de Propiedad Intelectual (KIPO) (208.830) y la Oficina Europea de Patentes (OEP) (159.358). En cuanto a las cifras per cápita, el número de solicitudes de patente presentadas en China se ubicó detrás del de Alemania, los EE.UU., el Japón, Sur Corea.[4]_/

Correspondió a las principales cinco oficinas el 84% del total mundial. Entre las principales cinco oficinas, se observó: China (+21,5%) y los EE.UU. (+2,7%) un aumento en la presentación de solicitudes, mientras que la OEP (-0,4%), el Japón (-0,1%) y la República de Corea (-2,3%) recibieron en 2016 un número inferior de solicitudes que en 2015 También figuraron entre las principales 10 oficinas: Alemania (67.899), la India (45.057), la Federación de Rusia (41.587), el Canadá (34.745) y Australia (28.394).

Lamentablemente, América Latina no consta entre las principales regiones inventoras e innovadoras. Por la misma vía de los registros de propiedad intelectual, se puede conocer que los tres países más importantes de la región en innovación 2017 son: Chile, en el puesto 46 de la clasificación mundial respectiva, Costa Rica en el puesto 53 y México en el 58. Brasil, que se supone en uno de los países más desarrollados de América del Sur, consta rezagado, en la lista que proporciona la Organización de Naciones Unidas para la Propiedad Intelectual (OMPI).

Volviendo al tema en Ecuador, según la investigación de la empresa Deloitte a que hace referencia la Revista LÍDERES, los empresarios ecuatorianos consultados dicen que innovación para las empresas es, en orden de importancia: desarrollar nuevos productos y servicios (27%), mejorar productos y procesos (21%), penetrar en los mercados (16%), desarrollar proyectos científicos (11%), generar propiedad intelectual, (9%), trabajar con universidades (8%) y cooperar con entidades científicas (5%).

Las razones para innovar serían, de la más a la menos importante, las siguientes: diferenciarse del competidor (24%), satisfacer al consumidor (20%), crecimiento de la empresa (19%), ingresar a nuevos mercados (16%); y, con valores menores al 10%, mejorar márgenes de utilidad, generar un impacto ambiental positivo, desarrollar la cultura organizacional, lograr ventajas financieras y otros aspectos.

Los principales obstáculos para la innovación que se mencionan, también en orden de importancia, son: dificultad de liberar tiempo dentro de la administración del negocio (20%), la compleja normativa legal (19%), la falta de recurso humano capacitado (16%), con igual porcentaje, la falta de recursos a nivel organizacional, incertidumbre de lo que pueda traer para la organización (13%), inconvenientes para atraer los fondos necesarios (11%), falta de infraestructura (10%), poca generación de buenas ideas (8%), otros (6%).
Desde mi punto de vista, uno de los problemas centrales del Ecuador es la falta de los triángulos virtuosos formados por el Estado, las empresas y las universidades, para desarrollar la invención y la innovación en aquellos ámbitos de interés, especialmente el agropecuario, el agroindustrial, el minero, la metalmecánica, el turismo ecológico, otros servicios modernos.

El Estado apenas asigna recursos financieros a la investigación y su uso es deficiente, porque no se marcan prioridades y se siguen líneas de acción o modas provenientes de otros países, sugeridas y hasta financiadas por ellos. Esto se agravará en los años siguientes, cuando el gobierno central piense que sus prioridades serán pagar la cuantiosa deuda pública heredada y conseguida; y, haciendo esfuerzo, pagar parcialmente la deuda social, con algo de lo ofrecido en la campaña presidencial, para vivienda y atención a discapacitados.

Las pocas empresas grandes del país, que podrían asignar recursos financieros a la investigación, piensan en su mayoría que esa tarea es del Estado o significa un gasto y no la realizan, o la efectúan austeramente. De otro lado, desconfían de las universidades, porque buscan resultados en el corto plazo y ya se sabe que la investigación es una tarea de largo aliento, cuyos resultados a veces no llegan a darse o tardan décadas en lograrse, incluso en los países desarrollados. 

Las universidades carecen de capitales propios y en general no cuentan con asignaciones estatales o privadas para sus actividades de investigación. Muy pocas cuentan con personal, recursos financieros y equipos de trabajo que puedan dedicarse a tiempo completo a investigar para llegar a producir inventos o innovaciones.

Por eso es que varias veces he manifestado que para el país es básica la formación de clusters, que desarrollen sinergias entre sus participantes, para lograr la innovación, por ejemplo, en la producción, procesamiento y exportación de los principales productos agropecuarios de la Costa. El camarón es una muestra de lo exitoso que puede llegar a ser un cluster, que ha permitido que se incorpore valor agregado al producto, de manera que los laboratorios de larvas, las piscinas, las empacadoras y las exportadoras han innovado y mejorado en mucho la competitividad del producto núcleo, al punto que ahora es el de mayor exportación nacional, por encima del banano.

POR FAVOR, LEA DOS LIBROS ACTUALES: ECONOMÍA INTERNACIONAL Y DE AMÉRICA LATINA, de Luis Luna Osorio y Claudia Marcela Bastidas. Edición 2017. Precio: USD 25 cada ejemplar de 608 páginas y un CD; y, ECUADOR: VISIÓN DE LAS CRISIS 2014 – 2017.


[1] _/ La obsolescencia de un producto se da porque aparece otro de mejores características, que lo sustituye.
[2] _/ Este párrafo y los 5 siguientes tienen por fuente: https://confidencial.com.ni/las-cuatro-revoluciones-industriales-y-el-progreso/
[3] _/ Diario EL COMERCIO DE Quito, del 28 de febrero de 2018.
[4] _/ La fuente de este y los dos párrafos siguientes es:  http://www.wipo.int/pressroom/es/articles/2017/article_0013.html

sábado, 10 de marzo de 2018

BOLETÍN 164: IMPORTANCIA DE LAS IMPORTACIONES



BOLETÍN 164: IMPORTANCIA DE LAS IMPORTACIONES

El Ecuador es un país cuya producción nacional resulta mayoritariamente de actividades del sector primario: agricultura, ganadería, pesca, silvicultura, minería e hidrocarburos. En consecuencia, para satisfacer las necesidades de gobierno y consumidores, el país requiere importar una gran cantidad de bienes industriales y muchos servicios modernos que no produce.

La importación de bienes que compiten con los que sí se producen en el país, generalmente primarios o de ramas industriales básicas (alimentos y bebidas, textiles y cuero, tabaco y sus elaborados, muebles, productos de la madera, algunos materiales de construcción) debe ser controlada y eventualmente encarecida vía aranceles y otras medidas, para evitar que afecte a la producción nacional. La importación de los bienes no producidos (maquinaria, materias primas de la siderurgia y la industria química) debe ser realizada en forma libre, cuando se sabe que, por la escala de producción (motores y cajas de cambio de vehículos) o por el tipo de productos (derivados del hierro y minerales no existentes) no se puede producir en el país.

La Organización Mundial del Comercio (OMC), de la cual el Ecuador es parte, tiende a que todas las importaciones en el mundo lleguen a ser materia de libre comercio; pero, como no todos los países están en capacidad de practicarlo, acepta que se apliquen aranceles sobre el valor de las importaciones y busca que cualquier otro obstáculo al comercio vigente, sea transformado en ese tipo de aranceles, con tarifas acordadas entre la OMC y el país.

Además, los acuerdos de la OMC comprometen a los países a aplicar la cláusula de la nación más favorecida, que en resumen dice que: toda ventaja, favor o franquicia que un país otorgue a otro en el comercio internacional, debe ser aplicada a sus demás Miembros, sin distingo.

Pero, hay dos excepciones a la regla: una, que señala que los grupos de países que busquen su integración económica pueden fijar sus propias normas para el comercio entre ellos, siempre que el objetivo del grupo sea el libre comercio; y, otra excepción, que acepta que un país desarrollado otorgue preferencias arancelarias a un país subdesarrollado, con el ánimo de apoyarlo para que salga de esa situación en el menor tiempo.

Por haberse acordado antes de la OMC o haciendo uso de esas excepciones, el Ecuador forma parte de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALADI) y de la Comunidad Andina. En la primera, formada por todos los países de América del Sur, más Cuba, México y Panamá, da y recibe preferencias arancelarias para ciertos productos, diferentes según los países. En la segunda, el país mantiene en vigencia la Zona Andina de Libre Comercio, junto con Bolivia, Colombia y Perú. También recibe, de parte de Estados Unidos y otros países, en aplicación del Sistema General de Preferencias (SGP), preferencias arancelarias para muchos productos.

Además, tiene suscritos acuerdos comerciales con la Unión Europea, Chile, Venezuela y otros países, para otorgarse mutuamente ventajas de tipo comercial y en otros órdenes.

Ahora bien, como no es sano para ningún Estado dejar que la población importe todo lo que se le ocurra, Ecuador adopta diversas medidas de control, que se expresan en prohibiciones de importación de ciertos bienes por el sector privado (armas pesadas y bienes patrimoniales de otro país, por ejemplo) limitaciones de tipo sanitario (sobre drogas, vegetales y animales, por ejemplo), aranceles ad Valorem que en el Ecuador pueden llegar al 30% sobre el valor CIF de la mercadería, impuestos específicos (dólares sobre el peso, el volumen o la unidad importada, según lo que rinda más al fisco) y otras medidas permanentes u ocasionales (como las salvaguardias de carácter monetario o con respecto a productos determinados).

En el año 1991 adoptó el gobierno un sistema arancelario ad Valorem muy racional, que fue el que luego se declaró al ingresar a la OMC, de 0% para productos muy necesarios al país, como maquinaria e insumos agropecuarios y medicinas; 5% para materias primas con bajo grado de elaboración, como tierra mineral, sal, lana de oveja; 10% para materias primas más elaboradas, como hilos y telas; 15% para partes y piezas de maquinarias y 20% para todo producto terminado, excepto los automóviles, que debían pagar inicialmente 40% y más tarde 35%.

Correa y su gente desbarataron ese sistema, en unos casos para apoyar a ciertas actividades como la textil y la del calzado y, en otras, para buscar recursos para el fisco. Además, en algunas oportunidades fijaron salvaguardias o torearon obligaciones internacionales, a disgusto de la OMC y la CAN, para reducir las importaciones, lo que lograron; pero, facilitando la subfacturación; el auge del comercio fronterizo, el contrabando y el ingreso de productos comprados en los duty free; varios conflictos con los países exportadores; y, al final, no obteniendo, en términos nacionales, el objetivo de ahorro de divisas que buscaban.

En el año 2017 las importaciones totales del país bordearon los 20 mil millones de dólares, cifra similar a la del año 2015, que muestra una recuperación importante con respecto al 2016 (25%), pero que está distante de la obtenida en 2014, cuando registró más de 27.700 millones.

Al contrario de lo que muchos piensan, las épocas de crecimiento económico de un país como el Ecuador no sirven para reducir las importaciones, sino para acrecentarlas. La razón es muy simple: se necesita más bienes de capital y materias primas para alimentar la oferta industrial, pero la población demanda más productos de consumo extranjeros, al elevarse sus ingresos.

El Banco Central del Ecuador registra cuatro grupos de bienes de importación: bienes para consumo, combustibles y lubricantes, materias primas y bienes de capital.

A su vez, los bienes de consumo los subdivide en bienes de consumo no duradero y de consumo duradero; las materias primas las aglutina en materias primas para la agricultura, para la industria y materiales de construcción; y, los bienes de capital los separa en agrícolas, industriales y equipos de transporte.

Los bienes de consumo importados en el año 2017 sumaron cerca de 4.600 millones, con un registro superior al del año anterior en el 43%, que se debe fundamentalmente a la eliminación de las salvaguardias anteriormente vigentes, la reducción del IVA del 14% al 12% y el inicio de la aplicación del Acuerdo comercial con la Unión Europea. Sobre el total de las importaciones representaron el 23%. Este dato es importante, porque significa que no son tan grandes como para preocupar, desde el punto de vista de la balanza de pagos, y que posiblemente las características de ciertos bienes no los hacen fácilmente sustituibles por producción nacional.

Bienes de consumo no duradero son todos aquellos cuya existencia y utilidad son efímeras; por ejemplo, los alimentos y las bebidas en general, los aceites comestibles, las medicinas, los productos de aseo personal y de limpieza. Bienes de consumo duradero son los que suelen utilizarse por periodos cortos o medianos, como ropa, muebles, electrodomésticos, libros, cuadernos, aparatos electrónicos. Las importaciones de bienes no duraderos sumaron cerca de 2.500 millones de dólares (12,5% de las totales) y las de bienes duraderos llegaron a casi 2 mil millones (10,5% de las totales). Hay aquí algunas posibilidades de sustitución interna.

Los combustibles y lubricantes (gasolinas y aceites para máquinas) son en su mayor volumen bienes de consumo, pero también sirven de insumos industriales. El Ecuador produce algunas cantidades, pero su producción no es suficiente, razón por la cual hay que comprar ciertos valores en el exterior. En el año 2017, las importaciones de estas clases sumaron alrededor de 3.300 millones de dólares, que significan la sexta parte de las totales.

La repotenciación de la refinería de Esmeraldas y la construcción de la Refinería del Pacífico tenían por propósito sustituir las compras externas de estos bienes, e incluso producir algunos productos petroquímicos, pero solo significaron desperdicio de recursos y grave corrupción.

Las materias primas son bienes que hacen posible, mediante su procesamiento, solos, mezclados o combinados con otros, la producción de otros bienes. Entre ellos se pueden mencionar los granos, el ganado, la leche, la madera, los minerales, los productos químicos y los derivados de esos productos, como harinas, cueros, tablas, varillas, abonos, pesticidas.

Las importaciones 2017 de esta clase de productos sumó poco más de 7 mil millones de dólares, lo que significa el 35% de las totales. El rubro de mayor importancia fue el de las materias primas para la industria, cuyo valor fue cercano a los 5.500 millones de dólares o el 28% de las totales.
En segundo lugar se ubicaron las importaciones de materias primas agropecuarias, con poco más de 1.200 millones de dólares, equivalentes al 6% de las totales. En tercer lugar se hallan los materiales de la construcción, con cerca de 500 millones de dólares o el 25% de las totales.

También aquí se puede hacer sustitución de importaciones, siempre y cuando haya los minerales necesarios para ello. Un problema básico para el país es que no tiene carbón ni hierro en cantidades suficientes y que por tanto no puede producir elaborados del hierro y acero; igual sucede para la producción de aluminio, porque no hay bauxita. Para la construcción, esta situación obliga a importar desde chatarra hasta productos muy elaborados, con el consiguiente costo elevado de las obras de infraestructura y vivienda.

Los bienes de capital son los que sirven al gobierno y a las empresas privadas para utilizar las materias primas y producir otros bienes. Entre ellos, motores, tractores, palas mecánicas, excavadoras, carretillas elevadoras, grúas, niveladoras, Requieren una inversión relativamente grande por unidad y se compran para ser utilizados durante varios años.

El Banco Central registra las importaciones de bienes de capital en tres rubros: agrícolas, industriales y equipos de transporte.

Las industriales son las mayores, con aproximadamente 3.400 millones de dólares en el año 2017 o el 17 % de las totales. Reúnen toda clase de máquinas para los diferentes sectores de la economía: motores, turbinas de vapor y de gas, compresores, engranajes, cojinetes, calefactores, enfriadores, congeladores, tornos, montacargas, impresoras para editoriales, tejedoras, cortadoras, lavadoras, secadoras, pasteurizadoras, molinos, taladros, etc.

Las importaciones de bienes de capital agrícolas (así las identifica el BCE), del año 2017, que deberían identificarse como agropecuarias, sumaron un poco menos de 140 millones de dólares, lo que representa menos del 1% de las totales. En ellas está comprendidos productos como: abonadoras, arados de discos, cavadoras, cortadoras, cosechadoras para diversos productos, compactadoras y descompactadoras, desmotadoras de algodón, desbrozadoras, desgranadoras, desvaradoras, enfardadoras o empacadoras, fumigadoras, rastras de dientes, motocultores, motores para riego, pulverizadoras, remolques, rodillos, segadoras, sembradoras,
tractores, trituradoras o moledoras, vendimiadoras, motosierras.

Una de las razones por las cuales estas importaciones tienen registro bajo, es que en la década anterior se le dio poca importancia gubernamental al sector agropecuario, cuyo aporte al PIB fue mucho menor al deseable y ocupó la cuarta o quinta posición entre los sectores económicos. 

Los equipos de transporte son: bicicletas, motocicletas, automóviles, camionetas, jeeps, buses, camiones, furgones, volquetas, barcos, avionetas, aviones, helicópteros, trenes, teleféricos. Las importaciones 2017 de estas clases de vehículos sumaron menos de 1.300 millones de dólares, lo que representa el 6,5% de las importaciones totales.

Los servicios que se importa constan en los sectores respectivos de la Clasificación Industrial Internacional Uniforme (CIIU), que tienen que ver con la producción de intangibles: comercio por mayor, financieros, comunicaciones, publicidad, salud, educación; además, los servicios de transporte internacional, el turismo externo, actividades profesionales.

La Balanza de Pagos del país registra una gran importación neta de servicios. La razón es que el Ecuador no los produce en cantidades significativas y en cambio, necesita comprarlos en el exterior para abastecer las necesidades nacionales. El rubro principal es el de transporte de carga marítima, porque carecemos de una flota propia. FLOPEC, que es empresa nacional para la exportación de petróleo, debe alquilar buques, porque sus unidades son insuficientes. Para el transporte aéreo internacional de turistas y carga, casi no hay participación ecuatoriana.

CONCLUSIÓN: Como se demuestra, la mayor parte de las importaciones de bienes y casi la totalidad de las importaciones de servicios, son necesarias para el desarrollo del país, incluso en áreas como las de la salud y la educación superior, que antes no eran transables; por tanto, el gobierno no las debe entorpecer y por el contrario las debe impulsar, a fin de multiplicar el abastecimiento necesario para el desarrollo de las actividades productivas. Su manejo de los acuerdos comerciales, los aranceles, las restricciones no arancelarias, el control aduanero, los regímenes especiales aduaneros, deben ser los más adecuados para que las empresas mejoren sustancialmente su competitividad, el Estado aporte con su efectividad y todo ello contribuya a la productividad nacional, orientada a generar bienestar de la población.

Cuando las importaciones sean temporales y destinadas a generar exportaciones, los trámites para controlarlas y autorizarlas deben ser lo más ágiles posible. Esto, especialmente, si su destino está en las llamadas zonas especiales de desarrollo económico (ZEDE), o en las industrias dedicadas a la maquila. En este campo, hay que aprender mucho de Colombia y su éxito con las zonas francas, ubicadas en todo el territorio, lo que analizaré en otra ocasión.

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