martes, 11 de julio de 2017

BOLETÍN 148 RELACIONES ECUADOR – PERÚ: HAGAMOS VÍAS, NO MUROS



BOLETÍN 148  RELACIONES ECUADOR – PERÚ: HAGAMOS VÍAS, NO MUROS

Eco. Luis Luna Osorio MBA                                                                 11 de julio de 2017

El próximo 28 de este mes, el Perú celebra un aniversario más de su Independencia. Este boletín se escribe en homenaje a ese país, en cuya capital, Lima, con mi esposa e hijos pasamos una época inolvidable, los años 1975 a 1980.

El Perú es parte de América Latina y de América del Sur. Lo cruza la cordillera de los Andes y pertenece a la Cuenca del Pacífico. Limita por el norte con Ecuador y Colombia; por el este, con Brasil y Bolivia; por el sur, con Chile; y por el oeste, con el Océano Pacífico.

Su superficie es de 1.285.000 kilómetros cuadrados y se divide en tres regiones: Costa, plana y desértica en su mayor parte; Sierra, atravesada por la cordillera de los Andes y muy quebrada; y, Amazonía, la región más grande del país, llegando a ocupar más del 60% de la superficie nacional, muy boscosa y cruzada por muchos ríos de caudal importante. A las regiones se suma el mar territorial del Perú, que tiene una extensión calculada en 626.215 km2., y es considerado la cuarta región geográfica. El Perú posee muchas riquezas minerales y pesqueras y sirve a la navegación internacional con varios puertos, el principal el de Callao, que sirve especialmente a la capital, Lima.

La localización geográfica del Perú, como la del Ecuador, para fines comerciales con el mundo no es la mejor, porque los productos de intercambio con la costa este de América del Norte y Europa, sus mercados más importantes,  tienen que pagar peaje para cruzar por el Canal de Panamá y llegar a su destino. Con respecto al Asia Pacífico, su distancia geográfica es casi igual a la de todos los países de América con costas en el Pacífico.

En América Latina, el núcleo de producción del Perú está alejado de los mercados más importantes cercanos al Atlántico, porque el transporte marítimo debe efectuarse por Panamá o por el Estrecho de Magallanes, y en ambos casos le resulta costoso el flete respectivo; sin embargo, se comunica por vía fluvial, utilizando más de 10 ríos que van al Amazonas, y por vía terrestre, por la carretera Troncal Amazónica. En la costa del Pacífico de América del Sur tiene una posición geográfica estratégica, porque se halla en medio de Colombia y Ecuador por el norte y Bolivia y Chile por el sur. 

La población del Perú finalizó el año 2016 en poco más de 32 millones de habitantes, casi paritaria entre hombres y mujeres. Su densidad 2016 fue de 25 habitantes por km2. Su incremento demográfico, de 1,37% en el año 2002, descenderá al 0,74% para el 2030. 

Lima es la capital y la ciudad más grande, con 10 millones de habitantes; le siguen: Arequipa, con 900 mil; Trujillo, con 800 mil; Chiclayo, con 600 mil; y, las ciudades de Iquitos, Piura y Cusco, con 450 mil cada una. Por ello, Lima es el núcleo nacional en todo sentido.

Según el Ministerio del Trabajo, para el año 2015, la población total era de 32 millones de personas, la población económicamente activa (PEA) sumaba 16,5 millones (52%), la población desempleada superaba las 600 mil personas (1,2%) y la población económicamente inactiva registraba poco más de 6,5 millones de personas (20%).  

En los años 2002-2012 la economía peruana había crecido a las mayores tasas de la región, logrando reducir mucho los niveles de pobreza y, aunque en menor medida, los niveles de desigualdad. Este panorama, sin duda positivo, contrastaba con un malestar que todas las encuestas de opinión pública registraban de forma más o menos generalizada y persistente: en el mismo período; los peruanos fueron los más críticos de la región, con respecto al funcionamiento de la economía y al desempeño de la democracia en su país. [1]_/

Según el Banco Mundial, el crecimiento se logró gracias a un contexto externo favorable, políticas macroeconómicas prudentes y reformas estructurales que, en distintos ámbitos, se combinaron para dar lugar al escenario de alto crecimiento y baja inflación, uno de los mejores de América Latina.

En 2010 el PIB de la economía peruana creció al 8,5%, luego de lo cual ha estado en permanente reducción, por efecto de la crisis internacional y de la caída de los precios de los commodities. Solo pudo avanzar al 2,4% en el año 2014, al 3,26% en 2015 y al 3,3% en 2016, y  las perspectivas económicas 2017 son del 3,3%, para aumentar esa tasa en los años 2018 y siguientes, si se aplican políticas económicas y sociales acertadas.

El Perú es el vecino del Sur del Ecuador. Los dos países tuvieron un largo periodo histórico de problemas limítrofes, que incluso provocaron serios conflictos en diversas épocas, ahora felizmente superados. Sin embargo, los dos países tuvieron y tienen intereses comunes en varios organismos internacionales, como la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Banco Mundial, las Naciones Unidas; y, mantuvieron relaciones económicas y comerciales que los llevaron a ser partes de la Asociación de Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC) en los años 60 y 70 del siglo XX; luego del Grupo Andino, desde 1969 hasta 1996; después, de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) desde 1980 hasta la fecha y de la Comunidad Andina desde 1996 hasta el presente.

Además, los dos países han suscrito acuerdos bilaterales de sanidad agropecuaria (vegetal, animal y pesquera), convenios en materia de obstáculos técnicos al comercio y otros temas, habiendo realizado desde 1970 y sobre todo desde la firma de los acuerdos de paz definitiva, numerosos esfuerzos por llevar adelante proyectos de integración binacional y fronteriza.

Durante los diez años anteriores, la orientación de la política económica y social fue diferente y divergente en los dos países; mientras el gobierno del Ecuador manifestaba tozudamente su decisión de aplicar el llamado “Socialismo del Siglo XXI”, ejercía una actitud nacionalista y de agresividad frente a los Estados Unidos de Norteamérica y otros países desarrollados y se amistaba con China, Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bielorrusia y otros países socialistas, el Perú proclamaba su apertura a las corrientes de la globalización económica, suscribía numerosos acuerdos comerciales en los cinco continentes, participaba en la Alianza del Pacífico y gestionaba su incorporación a organismos internacionales de cooperación económica y comercial, con evidentes resultados positivos de tales decisiones.

El comercio del Ecuador con el Perú en los años 2007 – 2016 tuvo cifras crecientes hasta el año 2012, pero luego, los problemas del petróleo en el mercado mundial, determinaron un notable descenso en las exportaciones, que dependen de su venta, a pesar de que el Acuerdo de Cartagena obliga, desde 1992, a que el comercio total ecuatoriano – peruano se produzca sin restricciones arancelarias o de otro tipo y que eso debería favorecer un intercambio creciente no petrolero. Quizás eso se deba a que el uno o el otro país, por razones esgrimidas en su momento en los órganos de la integración andina, apliquen medidas específicas o generales contrarias al libre comercio bilateral que, fuerte o levemente, por periodos cortos o medianos, han afectado a las relaciones comerciales.

Para el Ecuador, en el año 2015, el Perú significó el cuarto destino de las exportaciones y el séptimo origen de las importaciones. Por tanto, es un mercado que hay que cultivar, sobre todo teniendo en cuenta que, mientras el Ecuador es un país esencialmente exportador agropecuario, el Perú es un país esencialmente exportador minero y que se puede aprovechar la complementariedad de los dos países para el comercio exterior.

Las exportaciones del Ecuador al Perú fueron de 1.505 millones de dólares en 2007 y se redujeron a menos de la mitad en el año 2016, con solo 741 millones, fijando el límite superior en el año 2012, en el que el registro fue de 1.991 millones. La tasa de decrecimiento anual se situó en -6%.  La cifra de 2007 representó apenas el 11% de las exportaciones totales al mundo y la cifra de 2016 significó apenas el 5%. Desde el año 2013, todas las variaciones anuales fueron negativas. [2]_/

Los principales productos exportados en 2016 fueron: aceites crudos de petróleo (68%), tableros de madera (3,7%), preparaciones para alimentos de animales (2,5%), cocinas a gas (1,5%), atún en conserva (1,3%), derivados de petróleo, manteca de cacao, cajas de papel y cartón corrugado, langostinos, refrigeradoras y congeladoras.

El petróleo es, de lejos, el principal producto de exportación nacional al Perú. Sus ventas fueron de 1.307 millones de dólares en el 2007 y bajaron a solamente 507 millones en el 2016 (39%). Su mejor comportamiento fue el del año 2012, con 1.652 millones de dólares y el peor fue 2016, en que las ventas llegaron a solo 507 millones. El rubro siguiente es el de los tableros de madera, cuya exportación del 2007 fue de 5 millones de dólares y la del 2016 llegó a 27,6 millones, más que quintuplicándose. Las preparaciones para alimento animal fueron el tercer rubro de importancia y pasaron de menos de 2 millones de dólares en el 2007 a 18,6 millones en el 2016, con una tasa anual de crecimiento del 34%.

Los 10 principales productos de exportación sumaron 1.341 millones de dólares en el 2007 (89,1% del total) y solo alcanzaron a poco menos de 600 millones en el 2016 (80,6% del total), con una tasa de decrecimiento anual del -7%.

Se hace notar que también el valor del resto de productos exportados decreció en los 10 años, pues pasó de 164 millones de dólares en el 2007 a 143,5 millones en el 2016.

Las importaciones ecuatorianas FOB desde el Perú fueron de 366,2 millones de dólares en el año 2007 y crecieron hasta el año 2013, en que sumaron casi 967 millones (264%), para luego registrar descensos que llevaron en el año 2016 a solamente 552 millones. Al contrario de las exportaciones, las importaciones crecieron al 8% anual promedio.

Los principales productos importados desde el vecino del Sur en el 2016 fueron: preparaciones para alimento animal (18,1%), preparaciones para lavar (3,4%); cátodos y secciones de cátodos (2,5%), otros aceites lubricantes (1,8%), huevos fértiles para incubar pollos de engorde (1,5%), harina, polvo y pellets de pescado (1,3%).

El primer producto sumó 10,3 millones de dólares en el 2007 y cerca de 100 millones en el 2016, casi decuplicándose. Su tasa anual de crecimiento fue del 33%. Los cátodos empezaron con 21,3 millones en el 2007 y decayeron a 13,6 millones en el 2016, perdiendo un 33% de su valor original. Las preparaciones para lavar dieron un salto espectacular, pues en 2007 sumaron 10 mil dólares y en 2016 superaron los 18,7 millones, con una tasa anual de crecimiento de 156%. Los 10 productos principales sumaron el 33% del total importado, lo que demuestra una importante diversificación de las compras en el Perú.

En todos los años la balanza comercial fue favorable al Ecuador, gracias al petróleo. En 2007 el saldo de la balanza fue de 1.139 millones positivos para el país y en el año 2008 subió a 1.258 millones, pero en los siguientes años tuvo un comportamiento errático, hasta marcar en el 2016 cerca de 188,5 millones.

Qué se debe hacer para mejorar las relaciones económicas ecuatorianas con el Perú, el comercio binacional y las exportaciones, tomando en cuenta que ese país ha suscrito múltiples acuerdos comerciales internacionales, ha restado importancia a la integración económica andina, es parte de la Alianza del Pacífico y en consecuencia ha eliminado, para muchos productos, las ventajas de la Zona Andina de Libre Comercio, pues  otros países reciben las mismas preferencias?

Lo que queda es aumentar la productividad y la competitividad nacionales, en términos de calidad, precio y cantidad, y aprovechar la ventaja de la vecindad. También, gestionar la incorporación nacional a la Alianza del Pacífico, pensando en proyectarse al mundo. Además, explotar algo que al parecer se ignora, la conveniencia nacional de abastecer a las poblaciones de la región amazónica peruana por los afluentes al Amazonas, ya que ellas están mucho más cerca del Ecuador que de sus centros de abastecimiento interno, como Lima, Arequipa y Trujillo, y eso es una ventaja competitiva indudable.

También es importante aumentar las actividades de promoción turística, con paquetes binacionales y tours nacionales que incrementen el número de días de visita de los turistas del un país en el otro y de los turistas de países desarrollados a los dos, que según los atractivos que se les ofrezca, bien pueden aumentar significativamente sus estadías.

Finalmente, el gobierno debe cumplir los compromisos adquiridos en los tratados internacionales y en los diversos acuerdos bilaterales y de carácter fronterizo, porque ello permitirá fortalecer el desarrollo del comercio y de otras actividades binacionales y fronterizas que mejoren las condiciones de paz y amistad entre los dos países, y su proyección conjunta hacia el mercado internacional.

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[2] _/ Las cifras utilizadas provienen del valioso documento del Ministerio de Comercio Exterior titulado: PANORAMA GENERAL DEL COMERCIO EXTERIOR DEL ECUADOR 2007 – 2016. Se felicita a sus autores.

lunes, 26 de junio de 2017

Boletín 147: BOLÍVAR Y LA INTEGRACIÓN DE AMÉRICA DEL SUR



Boletín 147: BOLÍVAR Y LA INTEGRACIÓN DE AMÉRICA DEL SUR [1]_/

Eco. Luis Luna Osorio – MBA                                                  Quito, 26 de junio de 2017

La Confederación Bolivariana de América, muy bien representada en el Ecuador por el ilustre Canciller Doctor Amilcar Tapia Tamayo, el 15 de junio de 2017 me incorporó como uno de sus miembros, y me invitó a colaborar en el gran esfuerzo de, algún día glorioso, hacer realidad los deseos del Libertador Simón Bolívar, de formar una América del Sur unida, para enfrentar con éxito a la que él ya veía poderosa América del Norte, beneficiada por “… un gobierno bienhechor que, con una mano hábil, activa, y poderosa dirige siempre, y en todas partes, todos sus resortes hacia la perfección social, que es el fin único de las instituciones humanas”  [2]._/

Lamentablemente, ha pasado mucha agua bajo el puente, desde los años en que Bolívar veía en conjunto al continente americano y se preocupaba por el dinamismo con el que crecían los Estados Unidos  y  la pasividad y desunión de esta parte del Continente. Y, la realidad es que, 200 años más tarde de la época de la Independencia,  América del Norte reina en el mundo político, económico, social, tecnológico y militar, y marcha a pasos agigantados, especialmente desde los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial; mientras que América del Sur casi que marcha en el propio terreno, porque varios de sus países todavía luchan por ampliar sus territorios nacionales a costa del vecino, no practican la democracia y niegan al pueblo sus libertades, buscan la supremacía de ideologías obsoletas en el resto del mundo, se mantienen en el subdesarrollo y la dependencia de terceros, acrecientan las masas de poblaciones pobres y con educación deficiente o sin ella, son incapaces de generar innovación y seguir el paso a la más moderna tecnología.

En consecuencia, la tarea de quienes seguimos el ideal bolivariano es inmensa y sobrepasará, de lejos, la vida nuestra. Pero, como no hay peor decisión que la de no hacer nada en pro de nuestros objetivos, porque los sabemos poco menos que imposibles, estamos aquí para decir que ahora, desde esta nueva trinchera, trataremos de lograr metas, paso a paso pero sin descanso, en pro de la integración de la América del Sur y ojalá, de América Latina; para converger hacia un estado de bienestar común de los pueblos. 

En mi familia, la admiración por Bolívar estuvo presente desde antes de mis días. Mi padre, sin embargo de ser católico practicante, bautizó y llamó siempre a su  primer hijo varón con el nombre de Bolívar, porque admiraba la generosidad sin límites y la disposición del Libertador para servir a los demás sin esperar nada a cambio; su valentía para enfrentar todos los rigores de la guerra, la política y las traiciones, sin importarle las eventuales derrotas en batalla o personales; pero, sobre todo, su visión del futuro, que lo llevó a soñar en la Gran Colombia y una América del Sur unida. 

Todos mis hermanos y yo nos educamos en el Colegio Nacional Bolívar de Tulcán, aprendimos a quererle al patrono institucional, y lo que es más importante, los maestros de ese establecimiento rindieron el mejor de los tributos a Simón Bolívar, cumpliendo a cabalidad sus funciones y haciendo de sus jóvenes alumnos, varios de ellos aquí presentes, hombres de bien, honrados, trabajadores, leales, tenaces, deseosos del progreso de nuestro país, nuestra tierra y nuestras familias.

En mis libros y en la cátedra universitaria, especialmente de la Universidad Andina Simón Bolívar, he buscado que los lectores y los alumnos se identifiquen con el Libertador, poniendo en sus mentes la información y el análisis necesarios para que trabajen por la unión de los pueblos latinoamericanos y contribuyan, desde sus funciones estatales o sus empresas, a construir la América unida, integrada, con visión de futuro, solidaria y cercana. 

Buena parte de mi vida profesional he dado mi aporte a la búsqueda de la integración económica de los pueblos de América Latina y de la Subregión Andina. Lo he hecho como parte de la Comisión Económica para América Latina de las Naciones Unidas, en Chile; como funcionario de la Junta del Acuerdo de Cartagena, en Lima; como integrante y autoridad de los ministerios ecuatorianos responsables de impulsar la integración latinoamericana, en Quito; y, como coordinador de la Secretaría de Integración Fronteriza Ecuatoriano – Colombiana, en Tulcán. También, desde los importantes organismos empresariales que reúnen a industriales y exportadores. 

Y entonces, como observador y actor, he asistido a una enorme cantidad de reuniones de presidentes y de otros altos funcionarios de los gobiernos, en los que las palabras proyectaban el ansia por avanzar hacia el desarrollo armónico de América Latina y su integración, pero los hechos demostraban que siempre priman los intereses nacionales y muchas veces las actitudes irracionales de quienes, teniendo como su responsabilidad principal la conducción de la política exterior de sus países, suscriben múltiples acuerdos, gastan esfuerzos, realizan innumerables viajes, pero apuntan para diferentes lados.

No es otra cosa el hecho de que en América del Sur coexistan la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), el Sistema Económico Latinoamericano (SELA), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), la Comunidad Andina (CAN), la Unión de Naciones de América del Sur (UNASUR), la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) y otras instituciones, provocando primero una fragmentación continental, luego una lucha soterrada por ganar poder en alguna de esas instituciones; después, una dispersión de esfuerzos que hace que la mayoría de esas entidades no cumplan sus funciones; y, finalmente, el quemeimportismo y hasta la oposición de los ciudadanos, con respecto a una empresa que necesita del apoyo general para hacerse realidad. 

Más aún; cada una de esas instituciones “integradoras” multiplica la formación de grupos especializados, encargados de llevar adelante ciertas acciones puntuales o de atender los problemas de ciertos sectores productivos o sociales; pero, el balance es totalmente negativo, porque no tienen planes de largo plazo ni recursos financieros para trabajar o porque sus reuniones inaugurales resultan también reuniones finales, pues nacen del deseo de algún funcionario con poder efímero en un país, que quiere figurar en el ámbito internacional, y no de una verdadera y justificada razón de avanzar hacia la integración. 
El diagnóstico es pesimista, pero es real y resulta de mi experiencia de varias décadas. Lo que interesa es superar los problemas y encontrar las soluciones más idóneas.

No basta la metáfora de que la espada fulgurante de Bolívar marcha por las tierras americanas liderando la batalla por el desarrollo y la justicia social. Es repulsiva la denominación de “Bolivariana” de una revolución que ha hecho de la patria de Bolívar el ejemplo de lo que no deben ser un gobierno y una nación.

Por ello, cada uno de nosotros y las entidades a las que pertenecemos, debemos  trabajar todos los días del año en poner el hombro al desarrollo nacional y a la integración continental, como buenos ciudadanos.

Qué podemos sugerir?

Primero, que la integración de América del Sur tenga claros objetivos políticos, económicos y sociales. En la parte política, una presencia cada vez más importante en el concierto internacional, resultado de una posición única o concertada de todos los países de la región; en lo económico, el avance constante hacia la formación de una unión económica, en la que las personas, los capitales, las mercaderías y los medios de transporte puedan moverse libremente; en lo social, el propósito y la acción para que cada día disminuyan las lacras de la pobreza extrema, la desnutrición, el analfabetismo, la falta de empleo, las enfermedades resultantes de las deficiencias de servicios básicos de prevención de la salud.

Segundo, que al menos en aspectos fundamentales como los derechos humanos, vayamos hacia una Constitución regional. Derecho a la vida en sociedad, en paz y sin delincuencia; derecho a la democracia y la libertad; derecho a la utilización racional de los recursos naturales;  derecho a la educación gratuita en los niveles primario y medio; derecho a la comunicación libre y a la información estatal transparente; derecho a la salud gratuita para todos, especialmente para quienes soportan enfermedades catastróficas; derecho a la libre movilidad de las personas, sin necesidad de más documentos que los emitidos en su país de origen; derecho al trabajo en cualquiera de los países y con seguridad social; derecho a una remuneración mínima según el nivel educacional y la experiencia; derecho a la asociación lícita, la innovación y la propiedad intelectual. 

Tercero, que la integración económica sudamericana sea dirigida por un solo organismo, conformado por los ministros de la producción de los países, que cuente con una secretaría general financiada por los estados, pero autónoma en su administración, con capacidad de proponer políticas orientadas a planificar, incrementar y profundizar las acciones de integración regional, en todos los ámbitos posibles. Realizar lo propuesto implica eliminar las entidades subregionales ahora existentes, hacer que el patrimonio histórico de ellas se aproveche y conduzca a armonizaciones y unificaciones de políticas, en plazos perentorios. Este esquema ya fue utilizado con éxito por los países del Grupo Andino en los años 1969 a 1976 y solo la miopía de los gobiernos de entonces hizo que se lo destruyera, para dar paso a la Comunidad Andina, que perdió la visión integracionista e hizo prevalecer los intereses nacionales de unos países sobre los de los otros. 

Cuarto, que los gobiernos se comprometan a ejecutar conjunta o coordinadamente los proyectos de desarrollo de la infraestructura que sean necesarios para acercar a los países del Atlántico con los del Pacífico y brindar un mejor servicio a las personas y las empresas, una vez que uno de los problemas mayores de la región es el de las largas distancias que hay que recorrer para llegar de unos a otros. Para ese efecto, aprovechar la tarea desarrollada por la Iniciativa para la Integración Regional Sudamericana (IIRSA)

Quinto, que gobiernos, empresas y universidades de todos los países se comprometan a llevar adelante investigaciones de gran alcance y costo, sobre aspectos de importancia regional, a fin de generar tecnología de punta, especialmente sobre productos agropecuarios tropicales y productos agroindustriales derivados.

Sexto,  promover la formación de empresas sudamericanas con capacidad de abastecer el mercado propio y el internacional, mediante políticas fiscales de impulso a su creación, operación y exportación. Para ello, es básico hacer converger a los entes financieros de la Región en uno solo, incrementar sus recursos y lograr que otorgue crédito fácil sobre proyectos que demuestren la rentabilidad de su puesta en marcha y operación.

Algunos lectores pensarán que tengo un optimismo exagerado y que, como algún día me dijeron sobre los planteamientos de mi primer libro, si se cumple el 10 por ciento, estamos hechos. Pero, creo que quienes trabajamos con el intelecto y hemos vivido de él durante más de medio siglo, tenemos derecho a proponer un rumbo hacia el horizonte y quizás a empezar a desbrozar la selva, para que sean nuestros descendientes, los que formen la trocha, amplíen el camino y faciliten la consecución de la meta por los futuros habitantes de estas tierras, que recorrió Bolívar a caballo, meditando en los Estados Unidos del Sur, y que pueden ser, porque tienen capacidad para serlo, el asiento de una nueva cultura mundial, rica en la capacidad de su gente para trabajar, en los recursos de su geografía, para alimentar y servir al mundo, en la belleza de sus paisajes para amar la libertad y la belleza. 

Termino parafraseando lo que dijo el Libertador en Angostura, con respecto a la unión de la Nueva Granada y Venezuela, y aplicándolo a América del Sur:

“Volando por entre las próximas edades, mi imaginación se fija en los siglos futuros, y observando desde allá, con imaginación y pasmo, la prosperidad, el  esplendor, la vida que ha recibido esta vasta región, me siento arrebatado y me parece que ya la veo en el corazón del universo, extendiéndose sobre sus dilatadas costas, entre esos océanos, que la naturaleza había separado, y que nuestra patria reúne con prologados y anchurosos canales. Ya la veo servir de lazo, de cetro, de emporio a la familia humana; ya la veo enviando a todos los recintos de la tierra los tesoros que abrigan sus montañas de plata y oro; ya la veo distribuyendo por sus divinas plantas la salud y la vida a los hombres del antiguo universo; ya la veo comunicando sus preciosos secretos a los sabios que ignoran cuan superior es la suma de las luces, a la suma de las riquezas, que le ha prodigado la naturaleza. Ya la veo sentada sobre el trono de la libertad, empuñando el cetro de la justicia, coronada por la gloria, mostrar al mundo antiguo la majestad del mundo moderno.” [3]_/
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[1] _/ Texto del Discurso de incorporación de Luis Luna Osorio a la Confraternidad Bolivariana de América.
[2] _/ SIMÓN BOLÍVAR: Mensaje al Congreso de Angostura, Venezuela. Febrero 15 de 1819.
[3] _/ SIMÓN BOLÍVAR: Mensaje al Congreso de Angostura, Venezuela. Febrero 15 de 1819.