martes, 10 de julio de 2018

BOLETÍN 172: LA TERCERA EDAD EN EL ECUADOR


Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en el año 2017, en el mundo se registraron 962 millones de personas mayores a 60 años. Se espera que esa cantidad aumente en el 2050 a 2.100 millones y en 2100 se eleve a 3.100 millones. El "rápido envejecimiento" ocurrirá en todos los continentes, que, excepto África, tendrán casi un cuarto o más de su población en edades mayores a 60 años.

Lo mencionado se debe especialmente al avance de la medicina, que permite mantener vivos a los ancianos por mucho más tiempo que en épocas pasadas. Tales datos son de enorme importancia económica y social mundial, porque los estados, las familias y las personas que arriban a la categoría de “adultos mayores·” deben prepararse para enfrentar con éxito tal situación, con sistemas de seguridad social eficientes, mejor atención de la salud, mayor ahorro y solidaridad familiar, más medios de recreación de esa población objetivo. 

Por continentes, Europa tiene el mayor porcentaje de población de 60 años o más (25%). En Latinoamérica y el Caribe el 12 % de la población corresponde a los adultos mayores de 60 años. Es decir, en esta región hay 77 millones de personas de la llamada “tercera edad”. 

En Ecuador, el 10 % de la población humana de 16,2 millones, corresponde a las personas de más de 60 años. Es decir, hay un total de 1,62 millones de adultos mayores, número que, hasta el año 2030 y después, se prevé crecerá rápidamente.  El incremento de la esperanza de vida en el país (a 75 años), sumado al avance de los tratamientos médicos y a la posibilidad de diagnosticar enfermedades de forma temprana, incide directamente en el aumento acelerado de la población de la tercera edad. Dentro de las proyecciones realizadas por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), la esperanza de vida para el 2050 subirá a 80,5 años en promedio para los hombres, mientras que para las mujeres será de 83,5 años.

Desde un punto de vista económico, habría cuatro clases de adultos mayores. Aquellos que siempre tuvieron o con su esfuerzo lograron recursos suficientes para vivir sin ningún problema financiero toda la vida; los que, pese a su avanzada edad, siguen trabajando en sus negocios o como empleados y obtienen ingresos satisfactorios; los que tienen una jubilación con el Seguro Social, que les permite vivir modestamente y sin mayores sobresaltos mientras no se produzcan enfermedades graves; y, los que carecen de jubilación y están sujetos totalmente al apoyo familiar o estatal, a la caridad pública o viven en la miseria como grupo muy vulnerable.

Las dos primeras agrupaciones no significan problema para el Estado. Sus recursos propios les permiten gozar de la vida o al menos pasarla sin grandes complicaciones financieras.

En el tercer grupo, muchos de los jubilados con el IESS, especialmente los de menos años, buscan un trabajo que les permita mejorar su estándar de vida, pero les es difícil y hasta imposible conseguirlo, porque tanto el Estado como las empresas privadas, contratan casi exclusivamente a personas menores de 40 años, sobre todo por el dominio de ciertas habilidades tecnológicas de las cuales carecen las personas mayores. Además, en general y lamentablemente, los miembros de este grupo, cuando están afectados por enfermedades graves, se sienten huérfanos del apoyo necesario de esa institución, porque les asigna las consultas médicas para después de 30, 60 y hasta más días luego del pedido; no hay las medicinas que necesitan y deben comprarlas; los equipos para exámenes urgentes están dañados y hay que concurrir a laboratorios privados; o, porque, si se necesita operaciones urgentes, no hay camas disponibles y hay que pagar en clínicas privadas.

De la población de más de 60 años, el registro para el año 2013 señalaba que el 45% vivía en condiciones de pobreza y extrema pobreza (424.824), el 42% vivía en el sector rural (395.180), el 14,6% de hogares pobres se componía de un adulto mayor que vivía solo (137.830); el 14,9% era víctima de negligencia y abandono familiar y el 74,3% (708.040) no accedía a seguridad social de nivel contributivo. [1]_/

Frente a esa grave situación, a diciembre de 2015, el programa de los pensionistas adultos mayores receptores del bono de desarrollo humano, poseía el mayor número de beneficiarios del total de usuarios, 525.899 (47,9%), lo que significaría que se estaba atendiendo al total numérico de los necesitados de ese apoyo.  [2]_/

Para esa fecha, la provincia con mayor número de usuarios del BDH era el Guayas, con un total de 82.399 familias usuarias (18,6% del total nacional), seguido de Manabí (16,8%) y Los Ríos (9,2%). De otro lado, el 51,1% de los usuarios estaba ubicado en el área rural, con un total de 226.874 familias. El mayor número de beneficiarios del área rural estaba en Manabí (32.614 familias) y el mayor número de usuarios del área urbana estaba en Guayas (61.577 familias).

Además, a fines de 2017, casi 80 mil personas de 65 años en adelante, según el MIES, eran atendidas en 14 centros estales gerontológicos, a los cuales se destinaba 30 millones de dólares, pero estas instalaciones eran insuficientes, por lo que se proyecta la construcción de otros 43 centros de su tipo, para acoger a más personas vulnerables. Un estudio determinó que es preciso intervenir de forma inmediata, por la cantidad de usuarios potenciales, en Colta (Chimborazo); Déleg (Cañar), Cuenca (Azuay), Santa Lucía (Guayas) y Paltas (Loja). [3]_/

Ahora bien, la primera preocupación de todos los que estamos en la tercera edad y pasamos por los años “del descuento”, es la cada vez mayor proximidad del viaje final. Como dice un amigo, la fila para abordar el viaje sin retorno se mueve todos los días más rápido y los que van adelante son menos. En todo caso, hay que estar en paz con Dios y saber que, cuando llegue la hora, se ha cumplido la misión en la Tierra y no se lleva remordimientos ni deudas morales con nadie. Lo que sí se requiere es una cantidad importante de dinero, para sufragar los gastos del funeral, porque hasta para morirse ahora hay que tener plata disponible. Si se ha acumulado una fortuna, para ahorrar molestias y enemistades entre los posibles beneficiarios, será mejor dejar definido y explicado el reparto de los bienes.

La segunda preocupación es el tipo de camino que deberemos recorrer hasta la meta. No sabemos si un día cualquiera, en un minuto cualquiera, el corazón nos falle y, sin molestar a nadie, abandonemos este mundo; o, si por el contrario, nos esperan días, meses, años, de sufrimiento, debido a una larga enfermedad que no deseo para nadie.

El perfil epidemiológico de los miembros de la tercera edad está caracterizado por el incremento de las enfermedades no transmisibles (ENT); entre ellas, la diabetes, las afecciones cardiovasculares y pulmonares, los distintos tipos de cáncer, que en este grupo etario son consideradas crónicas. Justamente, estas cuatro patologías son las principales causas de muerte de los ecuatorianos. El problema es que, generalmente, este grupo objetivo padece enfermedades crónicas que, asociadas a otras dolencias (osteoporosis, problemas dentales, enfermedades mentales) demandan una mayor cantidad de médicos especialistas y tratamientos especiales… Sin proyectar mucho el tiempo, actualmente los consultorios y las salas de emergencia del país ya suelen “abarrotarse” de pacientes de la tercera edad. En su mayoría, son casos relacionados a enfermedades crónicas. [4]_/

La tercera preocupación, sobre todo en el caso de los ancianos enfermos, es que, junto a los problemas de salud llegan las angustias económicas y eventualmente la pérdida total o importante del patrimonio familiar. Una consecuencia es la dependencia de los hijos u otros familiares para vivir con ellos o esperar que sufraguen los gastos. Lo primero es complicado por la intervención de terceras personas en las decisiones al respecto; lo segundo es difícil si es que los potenciales sufragantes no cuentan con fondos propios excedentes.

Para atender, al menos parcialmente, los problemas de los adultos mayores, como los de todos los ciudadanos, está el Estado, especialmente cuando se trata de la población más vulnerable.

Por ello, la Constitución del Ecuador, en sus artículos 35 al 38, determina los derechos de “Adultas y adultos mayores” con edades superiores a 65 años, ordena establecer políticas favorables a ese grupo etario y señala que el Estado tomará una serie de medidas destinadas a ejecutar esas políticas. 

El artículo 37 señala: El Estado garantizará a las personas adultas mayores los siguientes derechos: La atención gratuita y especializada de salud, así como el acceso gratuito a medicinas; el trabajo remunerado, en función de sus capacidades, para lo cual tomará en cuenta sus limitaciones; la jubilación universal; rebajas en los servicios públicos y en servicios privados de transporte y espectáculos; exenciones en el régimen tributario; exoneración del pago por costos notariales y registrales, de acuerdo con la ley; y, acceso a una vivienda que asegure una vida digna, con respeto a su opinión y consentimiento.
Por su parte, el artículo 38 de esa Constitución ordena: El Estado establecerá políticas públicas y programas de atención a las personas adultas mayores, que tendrán en cuenta las diferencias específicas entre áreas urbanas y rurales, las inequidades de género, la etnia, la cultura y las diferencias propias de las personas, comunidades, pueblos y nacionalidades; asimismo, fomentará el mayor grado posible de autonomía personal y participación en la definición y ejecución de estas políticas.

En particular, el Estado tomará medidas de:

1. Atención en centros especializados que garanticen su nutrición, salud, educación y cuidado diario, en un marco de protección integral de derechos. Se crearán centros de acogida para albergar a quienes no puedan ser atendidos por sus familiares o quienes carezcan de un lugar donde residir de forma permanente.                                         
2. Protección especial contra cualquier tipo de explotación laboral o económica. El Estado ejecutará políticas destinadas a fomentar la participación y el trabajo de las personas adultas mayores en entidades públicas y privadas para que contribuyan con su experiencia, y desarrollará programas de capacitación laboral, en función de su vocación y sus aspiraciones. 
3. Desarrollo de programas y políticas destinadas a fomentar su autonomía personal, disminuir su dependencia y conseguir su plena integración social. 
4. Protección y atención contra todo tipo de violencia, maltrato, explotación sexual o de cualquier otra índole, o negligencia que provoque tales situaciones. situaciones.        
5. Desarrollo de programas destinados a fomentar la realización de actividades recreativas y espirituales.                                                                                                              
6. Atención preferente en casos de desastres, conflictos armados y todo tipo de emergencias.         
7. Creación de regímenes especiales para el cumplimiento de medidas privativas de libertad. En caso de condena a pena privativa de libertad, siempre que no se apliquen otras medidas alternativas, cumplirán su sentencia en centros adecuados para el efecto, y en caso de prisión preventiva se someterán a arresto domiciliario. domiciliario.   
8. Protección, cuidado y asistencia especial cuando sufran enfermedades crónicas o degenerativas.                                                                                              
9. Adecuada asistencia económica y psicológica que garantice su estabilidad física y mental.

La ley sancionará el abandono de las personas adultas mayores por parte de sus familiares o las instituciones establecidas para su protección.

Con esos antecedentes, para el Estado y especialmente para el Gobierno nacional, es fundamental ejecutar acciones que lleven hacia esos objetivos, asignar los recursos financieros necesarios anualmente y definir la clase y calidad de los servicios a prestar, de los requeridos por los adultos mayores, en función de la seguridad social que necesitan.
Todos los planes y programas dirigidos a la tercera edad son bienvenidos, provengan del gobierno central, de las prefecturas o de los municipios. Cuatro tipos especiales de ayuda a los más necesitados son los que les entregan dinero, atienden la salud, aportan para satisfacer necesidades elementales, contribuyen a su entretenimiento y cuidado. Son buenas medidas las devoluciones del IVA, las preferencias de atención en ciertos lugares, la organización de actividades de esparcimiento, los centros de acogida; pero hay que atender mucho mejor a los más pobres, que no tienen familiares ni recursos y a los que tienen enfermedades crónicas.

Los adultos mayores deseamos tener una vida digna en lo que resta de nuestro paso por el mundo, con el menor número de problemas de salud y sin afecciones graves; exigimos que los recursos ahorrados durante los años de trabajo, para tener una jubilación decente, sirvan a ese objeto; nos solidarizamos con quienes carecen de acceso al seguro social y necesitan un poco de dinero y atención médica, a quienes debe atender el Estado de la mejor forma posible; buscamos, en muchos casos, ser útiles a la sociedad trabajando en lo que sea factible, sobre la base de nuestras especialidades; queremos que nuestras familias nos acompañen, brinden atención y tengan paciencia cuando ya estemos limitados o impedidos; aspiramos a ser respetados, considerados y apoyados por toda la sociedad.
ATENCIÓN: El 11 de julio de 2018 se iniciará la publicación, cada 15 días, de boletines extras, con un diccionario económico estructurado por el autor del blog.


[1] _/ Datos sobre el tema con corte 2013 (FUENTE: *Registros Administrativos. Diciembre 2013 IESS, ISSFA, ISSPOL, **VAMS, Diciembre 2013, *** proyección 2013, INEC.
[2] _/ http://repositorio.puce.edu.ec/bitstream/handle/22000/12569/Tesis%20Final%20C.Roura.pdf
[3] _/ https://www.eltiempo.com.ec/noticias/novedades/1/ecuador-se-prepara-para-el-boom-de-adultos-mayores-desde-2021
[4] _/ http://www.elcomercio.com/tendencias/salud-adultomayor-terceraedad-demanda-recursos.html

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