BOLETÍN 79: ¿ES IMPORTANTE LA CULTURA PARA LA ECONOMÍA?
Eco. Luis Luna Osorio MBA JULIO 11 de 2014
El Lic. Wagner Abril Freire, amigo y reconocido periodista del Ecuador, especializado en economía y licenciado
en Comercio Exterior, que ha laborado con éxito por décadas en medios de
comunicación nacionales e internacionales, me solicito difundir este texto novedoso, inquisitivo, interesante, que se refiere a la relación entre la economía y la cultura, de indudable
importancia para todos, porque genera efectos determinantes del nivel de
desarrollo nacional, especialmente cualitativos. Lo hago con gusto y apego a la libertad de pensamiento.
¿Es
la cultura de un país una herramienta poderosa para su desarrollo económico? ¿En la economía globalizada, las variadas
manifestaciones artísticas son expresiones simples de cultura nacional o, por el contrario,
importantes “activos intangibles” que tienen
alto valor de mercado? Estas preguntas se asocian a una de mayor complejidad:
¿la falta de cuidado en la preservación de la cultura de un país, puede poner
en riesgo su sobrevivencia en el complejo mundo de hoy?
Numerosos
estudios técnicos de alta credibilidad parecen confirmar la hipótesis que
vincula y superpone (increíblemente) la cultura a la economía. La firma Abril
Comunicación Estratégica, en los conceptos de Responsabilidad Social
Empresarial (ISO 26000), está desarrollando investigaciones sobre la materia.
La
cultura y todas las manifestaciones del ser humano que dan forma a sus
pensamientos, conductas y comportamientos sociales comenzó en la Región con
estudios de Jesús Martín Barbero, pionero en el examen aplicado de economía y
cultura, tradicionalmente divorciadas de los estudios académicos de la economía
clásica. En la actualidad, se habla de Industrias Culturales, Economía
Creativa, Globalización desde Abajo, Economía Política de la Comunicación, etc.
Según
la UNESCO “las industrias culturales son
una fuente económica a la vez que portadoras de unos valores sociales y
culturales”. El tema se vuelve complejo en la medida que
las cambiantes y dinámicas Tecnologías para la Información y Conocimientos
TIC´s han materializado la predicción de formación de la “aldea global”. Con el
Internet han caído las fronteras geográficas y los múltiples aspectos de la
cultura que inciden en el desarrollo violento de la I+D+i para la producción de
bienes y servicios económicos, sirven para
ampliar los escenarios tanto nacionales como regionales o globales.
Este
es un ángulo importante de lo que se conoce en el mundo de los negocios
planetarios como “glocalización”: piensa global y actúa local.
En
este trajín, la cultura –es decir todas las manifestaciones artísticas que
nacen en la imaginación del ser humano-, comenzando por el deporte y la
música, están siendo utilizadas por las
grandes corporaciones y potencias como “punta de lanza” de la neuroeconomía y
el neuromarketing para penetración de
mercados, en banca y finanzas, creación
de “imagen marca-país”, y “branding” de marcas comerciales.
La
homogenización de prácticas y valores culturales favorecen los planes y
programas de las poderosas firmas transnacionales,
como demuestran Noemi Klein en su obra “No Logo”, Frédéric Martel con su
estudio sobre Cultura Mainstream, Zygmun Bauman sobre consumismo y hasta Mario Vargas Llosa con su crítica
mordaz a la sociedad del espectáculo. Noam Chomsky, el intelectual vivo de
mayor credibilidad y respeto del mundo, pone en perspectiva el “mercado global
y el fin del “estado-nación”.
En
estos escenarios, tal como demuestran los progresivos descubrimientos de las
neurociencias aplicadas, los procesos de comunicación son importantes herramientas
utilizables por pueblos y naciones en su lucha por sobrevivir a las exigencias
de la globalización.
En
el país no se evidencia fuertes acercamientos académicos y prácticos a estas
materias, con excepción de Arte Actual de FLACSO y el Ministerio de Cultura y Patrimonio, que trabaja –aunque con atraso- en
indicadores de cultura para obtener la
“Cuenta Satélite de la Cultura”
CONCEPCIONES
NUEVAS DE CULTURA
El
Gobierno de la “revolución ciudadana” está profundizando en sus siete años de
gestión, la transformación profunda del Ecuador en diversos ámbitos sociales y
económicos que anticipan horizontes mejores para el futuro mediato del país.
Además, como nunca antes, ha destinado elevados montos de recursos para el fomento
de la cultura.
Sin
anuncios formales de las autoridades pertinentes, los afanes para la
recuperación, fortalecimiento y proyección de la cultura nacional parece tomar
en cuenta la mayor importancia que, según varios estudiosos del desarrollo,
comportamiento humano y economía, conceden al Capital Social, entendido como
elemento de cohesión social de los pueblos que buscan el desarrollo económico,
con elevadas tasas de crecimiento del PIB, en largos periodos de tiempo. El
Capital Social sería el más importante de los otros tres: capital
económico-financiero, tecnológico, y humano. Robert Putnam, Pierre Bordieu y
Jean Baudrillard son algunos personajes de obligada mención en estas materias.
En
esta línea, el gobierno nacional actuó acertadamente para crear la Secretaría
de Estado responsable de formular y aplicar las nuevas políticas culturales de Patria.
La
prensa comercial escasamente ha informado sobre aspectos que subyacen a
decisiones tomadas en el periodo reciente. Pese a numerosas evidencias que
ofrecen otros países de nivel económico más elevado y a recomendaciones de
organismos internacionales, el referido
a “políticas para una revolución cultural” ciudadana, fue ignorado totalmente.
A pesar de su estrecha vinculación con temas de desarrollo económico, conforme
demuestran paulatinamente los varios estudios de la economía, ciencias sociales
y otras específicas del comportamiento humano, estos enfoques han estado más
bien ausentes de foros académicos, preocupaciones de gremios profesionales y
también invisibles en espacios de la prensa del Ecuador.
Numeroso informes técnicos del BID, UNCTAD y foros
especializados de Ministros de Educación de Latinoamérica, desde 1988,
demostraron la incidencia de la cultura y expresiones artísticas en el comercio
internacional, flujos de inversión extranjera y emprendimientos productivos en
disciplinas de las artes. Dos años atrás, José Luis Moreno, Presidente del BID,
poco después de la muerte del celebrado cantante colombiano Joe Arroyo, señaló
públicamente las oportunidades que tienen los creadores y productores de las
artes de Latinoamérica, dentro de la llamada “economía creativa” para
desarrollar nuevas y mejores capacidades productivas en base a su talento y
creatividad artística. Con estudios de UNESCO, destacó que en el 2008 el
comercio internacional de bienes y servicios
globales del rubro alcanzó los 406 mil millones de dólares,
correspondiendo el 43% a países emergentes.
En
el 2010, este mismo rubro participó con el 9% del PIB en Brasil, ocupando el
21% de la fuerza laboral (fútbol, samba, caipirinhas, artesanía artística,
música y discos, etc, etc), mientras Colombia (según datos de DANE), registró
casi el 4% del PIB. España, según el experto español Juan Pastor Bustamante,
señala que las industrias culturales generaron el 5% del PIB, en el 2008 (el
año que comienza la crisis económica) y dio empleo a 800 mil personas.
Un
primer dato difundido en Ecuador, con cifras al 2010, indica que el rubro
alcanzaría al 4% del PIB. Hay
dificultades para abrir las cifras de las Cuentas Nacionales del Banco
Central y valorar cuantitativa y
cualitativamente el “aporte” de la cultura al PIB nacional.
Una proyección del Econ. Luis Luna sobre el
crecimiento económico de Ecuador al 2020, fijando la tasa promedio en 10%
anual, indica que el PIB superaría los 63 mil millones de dólares constantes,
para una posible participación del sector cultural igual a 2.400 millones de
dólares.
Francisco
Vicario, experto de España y consultor internacional, en evento de FLACSO (2012), a una pregunta del
periodista sobre el escenario que
enfrentaría un país que no cuida y preserva sus tradiciones
y valores culturales como parte de su identidad nacional, respondió
tajantemente: desaparece, hombre!
Felizmente,
ciertos aspectos de la Ley Orgánica de Comunicación y la próxima aprobación de
la Ley de Cultura, delinean horizontes mejores para el vasto campo de mujeres,
hombres, instituciones y colectivos que laboran en la trama diversa y
multicolor de la cultura y, por supuesto, para las políticas del Buen Vivir.
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